Al escuchar los gritos de los manifestantes tunecinos contra su presidente Ben Ali, podemos percibir el hartazgo de este pueblo que lleva soportando una dura dictadura en silencio durante 23 años. Cuando un vendedor ambulante se quema a lo bonzo porque la policía le había retirado su permiso para vender fruta, es que algo no funciona en un país donde la gente aceptaba (más mal que bien) la dictadura a cambio de estabilidad y bienestar. El acuerdo era simple: el tunecino renunciaba a su libertad a cambio de un trabajo lo suficientemente bien pagado para poder vivir dignamente. 23 años más tarde, los tunecinos dicen “Kifaya” (ya basta) y no aceptan promesas de ningún tipo. Hay algo curioso en estas manifestaciones y es que los tunecinos se expresan también en francés. Esto revela al menos dos cosas. En primer lugar que no son sólo los pobres los que se manifiestan sino que también lo hacen las clases medias, educadas en francés en su mayoría. Se trata de un movimiento donde se pide el fin de la corrupción y la instauración de una democracia en el sentido occidental del término. En segundo lugar, nos hace preguntarnos dónde quedan los movimientos islamistas. Hasta ahora eran ellos la voz de los más desfavorecidos pero también de esa clase media que ahora se manifiesta. ¿Estamos ante un nuevo tipo de movimiento social en el mundo árabe? Después del nacionalismo árabe y del islamismo… ¿qué vendrá? Se aceptan apuestas.
PD: En el artículo Contrates mediterráneos publicado en el País, el autor utiliza la palabra cleptócrata para calificar a Ben Ali. La palabra, no la recoge la Real Academia. Curioso.
PD: Horas más tarde, Ben Ali ha abandonado la presidencia del país. Los hechos se precipitan en esta zona del mundo.